Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, representantes de sectores políticos históricamente enfrentados, han coincidido en cuestionar las descalificaciones basadas en el género, la edad y los estereotipos sobre el rol de las mujeres. La controversia surgió luego de una serie de declaraciones de dirigentes políticos que pusieron en duda la continuidad de ambas en la vida pública, en medio de las especulaciones sobre una eventual nueva candidatura presidencial en 2029.
La discusión, recogida por el diario EL PAÍS en una publicación del 11 de octubre de 2026, va más allá de las diferencias ideológicas entre la expresidenta socialista y la exalcaldesa de Providencia. El episodio ha vuelto a instalar una pregunta en el debate nacional: ¿por qué las mujeres que alcanzan posiciones de poder siguen enfrentando cuestionamientos vinculados a su edad, su apariencia o las labores domésticas, en lugar de ser evaluadas exclusivamente por sus ideas y trayectoria?
Aunque hoy representan visiones políticas muy diferentes, la historia de Bachelet y Matthei tiene un antecedente familiar que las vincula desde la infancia. Sus padres, el general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet y el también general Fernando Matthei, fueron amigos y sus familias compartieron parte de su vida en el entorno militar.
Michelle Bachelet, nacida en 1951, y Evelyn Matthei, nacida en 1953, crecieron en ambientes relacionados con la Fuerza Aérea de Chile. Sin embargo, el golpe de Estado de 1973 marcó un quiebre profundo entre sus familias y sus respectivos caminos.
Alberto Bachelet fue detenido, torturado por sus propios compañeros de armas y murió en prisión en marzo de 1974. Fernando Matthei, por su parte, llegó a integrar la Junta Militar durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Con el paso de los años, ambas mujeres construyeron carreras políticas desde sectores opuestos. Bachelet se convirtió en una de las principales figuras del socialismo chileno, mientras Matthei desarrolló su trayectoria en la derecha tradicional.
Su rivalidad alcanzó uno de sus momentos más importantes en las elecciones presidenciales de 2013, cuando se enfrentaron directamente por la Presidencia de la República. Bachelet obtuvo la victoria y comenzó su segundo mandato en marzo de 2014.
Más de una década después, las dos vuelven a aparecer en el centro de la discusión política nacional, aunque esta vez a raíz de los cuestionamientos dirigidos hacia ellas por su edad y por su condición de mujeres.
Los dichos de Javier Olivares que encendieron la polémica
Uno de los episodios que dio origen a la controversia fueron las declaraciones del diputado Javier Olivares, del Partido de la Gente (PDG), quien se refirió a la posibilidad de que Michelle Bachelet compita nuevamente por la Presidencia.
El parlamentario sostuvo que la exmandataria debería retirarse de la actividad política, disfrutar de sus nietos y mantenerse alejada del debate público. Posteriormente, sugirió que siguiera el ejemplo de Evelyn Matthei y se dedicara a cocinar cazuelas.
Las declaraciones provocaron reacciones en distintos sectores políticos, especialmente porque trasladaron la discusión desde las capacidades de Bachelet y sus eventuales propuestas presidenciales hacia las actividades domésticas.
El cuestionamiento no se limitó a una crítica sobre la conveniencia de una tercera candidatura. La referencia a la cocina y al cuidado de los nietos fue interpretada como una expresión de machismo, al asociar el futuro de una mujer con funciones familiares tradicionalmente atribuidas al género femenino.
La controversia también abrió interrogantes sobre los límites del debate político y la responsabilidad de las autoridades al referirse a otras figuras públicas.
Según los antecedentes publicados por la prensa, los dichos de Olivares serían revisados por la Comisión de Ética de la Cámara de Diputadas y Diputados, luego de que parlamentarios socialistas solicitaran que se examinara el episodio. La ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Judith Marín, también pidió al legislador que ofreciera disculpas.
La respuesta de Evelyn Matthei: “El tiempo donde mandaban a las mujeres a la cocina ya pasó”
La reacción de Evelyn Matthei adquirió especial relevancia debido a que la exalcaldesa de Providencia salió en defensa de Bachelet, pese a las profundas diferencias ideológicas que han marcado sus respectivas carreras.
Matthei sostuvo que las mujeres que participan en política deben ser evaluadas por sus capacidades, sus ideas y su gestión, y no por las tareas que realizan en el hogar.
En su respuesta, afirmó:
“A las mujeres en política se nos juzga por nuestras capacidades, ideas y gestión, no por las tareas del hogar”.
La exministra del Trabajo también hizo hincapié en que, aunque ambas tienen caminos políticos muy distintos, tanto ella como Bachelet se han ganado el derecho a decidir sobre su futuro gracias a su trabajo y trayectoria.
Su declaración más contundente fue: “En Chile, el tiempo donde mandaban a las mujeres a la cocina ya pasó”.
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La intervención de Matthei fue significativa porque no implicó un acercamiento ideológico con la expresidenta socialista ni una reconciliación entre ambas. Más bien, estableció una diferencia entre la legítima confrontación política y las descalificaciones basadas en prejuicios de género.
En otras palabras, defender el derecho de Bachelet a evaluar una nueva candidatura no significa respaldar sus ideas ni su eventual programa de gobierno. Significa reconocer que su participación política debe discutirse en igualdad de condiciones.
Johannes Kaiser y las dudas sobre la edad de Bachelet
La polémica también se extendió a las declaraciones de Johannes Kaiser, presidente del Partido Nacional Libertario, quien cuestionó la posibilidad de que Bachelet enfrente una nueva campaña presidencial en 2029.
Kaiser puso en duda las condiciones físicas de la expresidenta y realizó comentarios sobre su edad y su supuesto estado de salud. En sus declaraciones, sostuvo que no la veía realizando actividades físicas como caminatas prolongadas o deporte.
Los cuestionamientos abrieron otro frente de discusión: el denominado edadismo, concepto que se utiliza para describir los prejuicios, estereotipos o tratos discriminatorios asociados a la edad de una persona.
La edad de quienes aspiran a cargos de alta responsabilidad puede formar parte de una discusión pública legítima. Sin embargo, las evaluaciones sobre sus capacidades deberían sustentarse en antecedentes verificables y criterios aplicados de manera consistente, no en suposiciones sobre su condición física.
En este caso, las declaraciones de Kaiser fueron cuestionadas porque se centraron en la edad y en apreciaciones personales sobre la salud de Bachelet, en lugar de abordar directamente sus propuestas o su experiencia para ejercer nuevamente la Presidencia.
La controversia también puso sobre la mesa una contradicción señalada por críticos de estos argumentos: los dirigentes hombres de edad avanzada suelen continuar siendo considerados actores relevantes de la política, mientras que las mujeres enfrentan cuestionamientos sobre cuándo deberían retirarse.
La discusión no implica que una candidatura deba ser respaldada por el solo hecho de que su postulante sea mujer. El punto central es que las condiciones para competir deben evaluarse mediante criterios objetivos, sin recurrir a prejuicios.
Evelyn Matthei también fue objeto de críticas por parte del senador Rodolfo Carter, luego de que expresara cuestionamientos al Gobierno del presidente José Antonio Kast.
En medio de las diferencias dentro de la derecha, Carter atribuyó las críticas de Matthei a un supuesto sentimiento de rencor por su derrota en las elecciones presidenciales de 2025. Además, hizo referencia a la edad de la exalcaldesa.
La controversia volvió a mostrar cómo una discusión sobre posiciones políticas puede desplazarse hacia interpretaciones sobre la personalidad o las emociones de quien formula las críticas.
Matthei, quien durante años fue una de las principales figuras presidenciales de la derecha tradicional, ha mantenido una postura crítica frente a determinadas decisiones del actual oficialismo.
Sus diferencias con Kast y sus partidarios forman parte de la disputa por el liderazgo y la orientación de la derecha chilena. En ese contexto, sus declaraciones pueden ser objeto de análisis y cuestionamientos, como ocurre con las de cualquier dirigente.
Sin embargo, atribuir automáticamente sus opiniones a la frustración o al rencor no responde necesariamente al contenido de sus argumentos.
La controversia vuelve a plantear una interrogante sobre el trato que reciben las mujeres en la política: ¿se evalúan sus posiciones con el mismo estándar que las de sus pares hombres o se recurre con mayor frecuencia a explicaciones personales para deslegitimarlas?
Bachelet y el debate sobre una tercera candidatura presidencial
El debate se produce luego de que Michelle Bachelet dejara abierta la posibilidad de presentarse por tercera vez a las elecciones presidenciales.
La expresidenta gobernó Chile entre 2006 y 2010 y nuevamente entre 2014 y 2018. Su trayectoria incluye, además, responsabilidades internacionales de alto nivel, como la dirección ejecutiva de ONU Mujeres y el cargo de alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
En octubre de 2026, su eventual retorno a la carrera presidencial volvió a instalarse en la agenda política, especialmente después de que manifestara que no descartaba una nueva candidatura.
La posibilidad de que vuelva a competir plantea interrogantes sobre el liderazgo de la izquierda, la renovación de sus figuras y la capacidad de los partidos para presentar alternativas presidenciales.
Al mismo tiempo, la controversia se desarrolla tras el retiro de su candidatura para liderar las Naciones Unidas, anunciado en septiembre, después de que el Gobierno de Kast retirara el respaldo oficial de Chile a su postulación.
La combinación de estos acontecimientos ha mantenido a Bachelet en el centro del debate nacional, tanto por su trayectoria como por el futuro político que podría decidir construir.
En cualquier caso, una eventual candidatura tendría que evaluarse a partir de sus propuestas, su proyecto de país, sus apoyos políticos y la respuesta de la ciudadanía.
Matthei y su lugar en la derecha chilena
La trayectoria de Evelyn Matthei también permite comprender la relevancia de esta discusión.
Economista de formación, ha ocupado diversos cargos públicos. Fue diputada, senadora, ministra del Trabajo durante el primer Gobierno de Sebastián Piñera y alcaldesa de Providencia entre 2016 y 2024.
Durante décadas, Matthei se consolidó como una de las figuras más reconocidas de la derecha tradicional, con una presencia política marcada por su estilo directo y sus posiciones en materia económica y social.
Su candidatura presidencial de 2025 terminó con una derrota frente a José Antonio Kast, pero no significó su desaparición del debate público.
Por el contrario, sus críticas a determinadas decisiones gubernamentales han mantenido abierta la discusión sobre el papel que puede desempeñar en la reorganización de la derecha chilena.
Su reacción frente a los dichos contra Bachelet también muestra que las diferencias entre dirigentes no necesariamente impiden la coincidencia en asuntos relacionados con la participación política de las mujeres.
Ambas tienen proyectos ideológicos distintos y sus trayectorias pueden ser evaluadas desde perspectivas contrapuestas. Sin embargo, eso no elimina la posibilidad de que coincidan en rechazar expresiones que consideran discriminatorias.
Machismo y edadismo: dos fenómenos que se cruzan en la política
El caso de Bachelet y Matthei permite examinar dos formas de prejuicio que pueden presentarse simultáneamente.
El machismo se expresa en expectativas sobre los roles que deberían cumplir las mujeres, en cuestionamientos relacionados con su vida familiar o en la idea de que determinadas responsabilidades públicas no serían compatibles con su género.
El edadismo, por su parte, aparece cuando se atribuyen capacidades o limitaciones a una persona únicamente por su edad, sin considerar su experiencia, sus condiciones individuales o los antecedentes disponibles.
Cuando ambos fenómenos se combinan, las mujeres que han ocupado cargos de poder pueden enfrentar cuestionamientos que van más allá de su desempeño público.
En lugar de discutir sus decisiones, sus programas o sus resultados, el debate puede concentrarse en si deberían retirarse, dedicarse a su familia o dejar espacio a otras generaciones.
Esto no significa que las figuras políticas deban quedar exentas de críticas. Por el contrario, quienes aspiran a gobernar deben estar sometidos al escrutinio público y responder por sus decisiones.
La diferencia está en el tipo de argumentos que se utilizan.
Cuestionar una gestión, una propuesta económica, una decisión institucional o una postura política es parte de la democracia. Descalificar a una persona por su género o atribuirle incapacidad sin fundamentos verificables es una cuestión distinta.
Una coincidencia que supera las diferencias ideológicas
La coincidencia entre Michelle Bachelet y Evelyn Matthei no significa que hayan dejado atrás sus diferencias ni que exista una alianza política entre ambas.
Su historia está marcada por posiciones ideológicas opuestas, competencias electorales y visiones diferentes sobre el rumbo del país.
Sin embargo, sus recientes intervenciones han vuelto a demostrar que existen asuntos que pueden trascender las divisiones tradicionales entre izquierda y derecha.
El derecho a participar en política, a evaluar una nueva candidatura y a ser juzgadas por la propia trayectoria constituye uno de esos puntos de encuentro.
La discusión también interpela a los partidos, al Congreso y a la ciudadanía sobre el lenguaje utilizado en el debate público y los estándares que se aplican a quienes ejercen responsabilidades de liderazgo.
En un escenario marcado por la confrontación política, la polémica ha abierto un debate que va más allá de dos figuras históricas: el lugar de las mujeres en los espacios de poder y la legitimidad de continuar participando en la vida pública sin que la edad o los estereotipos de género se conviertan en herramientas de descalificación.
Más que una reconciliación entre adversarias, el episodio representa una coincidencia puntual en torno a una cuestión democrática: las diferencias políticas deben discutirse con argumentos y las capacidades de una persona no pueden determinarse únicamente por su género o edad.
