La economía brasileña llega a las elecciones presidenciales del domingo 4 de octubre con señales contrapuestas: mientras el mercado laboral mantiene cifras históricamente favorables, la actividad económica se desacelera y las cuentas fiscales se encuentran bajo presión.
Brasil se prepara para acudir a las urnas este domingo 4 de octubre en medio de un escenario económico caracterizado por contrastes. El país registra una tasa de desempleo de 5,3%, una de las cifras más bajas de los últimos años, pero al mismo tiempo enfrenta tasas de interés elevadas, un aumento de la deuda pública y un déficit fiscal cercano al 10% del PIB.
La elección enfrenta al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Ambos llegan a los últimos días de campaña defendiendo propuestas diferentes para enfrentar los desafíos económicos del gigante sudamericano.
Una economía que pierde velocidad
La economía brasileña experimentó una expansión superior al 2% durante los últimos cuatro años, aunque el ritmo de crecimiento comenzó a disminuir.
Durante el inicio del tercer mandato de Lula, el PIB aumentó 3,2% en 2023 y 3,4% en 2024. Sin embargo, el crecimiento se redujo a 2,3% en 2025 y las previsiones apuntan a que durante 2026 la expansión no superaría el 2%, con el sector agropecuario como uno de los principales soportes de la actividad.
El escenario ha puesto nuevamente en el centro del debate la capacidad del próximo Gobierno para impulsar el crecimiento sin aumentar las presiones sobre las cuentas públicas.
El Ministerio de Hacienda brasileño, en su boletín macrofiscal de julio, proyectó un crecimiento de 2,3% para 2026 y elevó su estimación de inflación anual desde 4,5% hasta 5,1%.
Tasas de interés y endeudamiento
Uno de los principales desafíos para la economía brasileña está relacionado con el elevado costo del crédito.
La tasa básica de interés llegó al 2% anual durante la pandemia, pero posteriormente el Banco Central adoptó una política monetaria más restrictiva para contener las presiones inflacionarias. La tasa Selic llegó posteriormente al 15% y actualmente se ubica en 13,75%.
Las altas tasas han encarecido el financiamiento para empresas y familias y constituyen uno de los factores que explican la pérdida de dinamismo de la economía.
A esto se suma el incremento de la deuda pública. Según los datos recogidos por EFE, la deuda pasó desde el 73,5% del PIB en 2022 hasta el 82,9% en agosto de este año. El déficit fiscal también aumentó significativamente y alcanzó el 9,48% del PIB interanual en agosto, frente al 4,68% registrado al cierre de 2022.
La discusión fiscal será, por tanto, uno de los asuntos centrales que deberá enfrentar el próximo Gobierno.
El mercado laboral muestra otra realidad
Pese a las dificultades fiscales y monetarias, el mercado laboral presenta uno de los principales puntos positivos de la economía brasileña.
La tasa de desempleo se sitúa actualmente en 5,3% de la población activa, frente a aproximadamente 9% promedio registrado en 2022. Además, el país contabiliza alrededor de 103,5 millones de personas ocupadas, una cifra récord.
Los empleos formales también se encuentran en niveles históricamente altos, aunque la informalidad continúa siendo significativa y alcanza aproximadamente al 37% de los trabajadores.
El ingreso medio real se ubica en torno a los 3.777 reales mensuales, equivalentes aproximadamente a 730 dólares.
Inflación bajo control, pero con preocupación por el costo de vida
Otro de los contrastes de la economía brasileña está en la inflación.
La medición interanual mencionada por EFE sitúa el indicador en 4,22%, por debajo del techo de la meta de inflación de 4,5%. Sin embargo, el costo de vida continúa siendo una preocupación para los hogares, particularmente por el precio de los alimentos.
Durante la campaña, Lula ha reconocido que existe malestar entre parte de la población debido al encarecimiento de productos básicos. De acuerdo con los datos citados por EFE, los alimentos aumentaron más de 50% durante el mandato de Jair Bolsonaro y cerca de 13% durante la administración de Lula.
Dos propuestas frente al desafío fiscal
La situación de las cuentas públicas también marca una diferencia entre las propuestas de los principales candidatos.
Lula ha planteado mantener una política de responsabilidad fiscal, aunque su enfoque no contempla un ajuste basado principalmente en recortes del gasto público. Flávio Bolsonaro, en cambio, ha defendido una reducción del gasto como parte de su planteamiento económico.
La discusión adquiere especial relevancia debido al aumento del déficit y de la deuda, en un contexto donde las altas tasas de interés dificultan la expansión de la inversión y el acceso al crédito.
Una elección marcada por la incertidumbre
En los últimos días de campaña, Lula y Flávio Bolsonaro han concentrado sus apariciones públicas en mensajes dirigidos directamente a los electores.
Los sondeos divulgados entre el 28 de septiembre y el 1 de octubre muestran una competencia estrecha entre ambos candidatos. Las mediciones presentan diferencias que, dependiendo del instituto y del escenario, se encuentran dentro de los márgenes de error, por lo que los resultados deben interpretarse considerando sus respectivas metodologías y fechas de levantamiento.
Así, Brasil llega a las urnas con una economía que combina un mercado laboral fortalecido y una inflación relativamente contenida con una actividad que pierde velocidad, un elevado costo del dinero y una situación fiscal que será uno de los principales desafíos para quien asuma la conducción del país.
El resultado electoral definirá no solo quién estará al frente de Brasil, sino también el rumbo que tendrá la política económica frente a estos desafíos durante los próximos años.
