Por: Oloff Suárez M.
San Antonio es, por definición, la puerta de entrada y salida de Chile hacia el mundo. Como el principal puerto del país, nuestra ciudad aspira a proyectar modernidad, eficiencia y orgullo; sin embargo, en pleno centro neurálgico y frente al borde costero, se erige un gigante de concreto que parece haber olvidado su compromiso con el entorno: el Mall Arauco San Antonio.
No se trata de un simple capricho estético, pues la infraestructura de un edificio de esta envergadura influye directamente en la percepción de seguridad y en la imagen que proyectamos a los visitantes y operadores logísticos internacionales que recorren nuestras calles a diario.
Hoy, lamentablemente, esa imagen es de descuido y decadencia.Basta con detenerse unos minutos en la avenida Barros Luco para notar que el problema va mucho más allá de una mano de pintura. El deterioro es evidente en planchas exteriores que, tras años de exposición al aire salino sin el mantenimiento adecuado, presentan daños estructurales que incluso han generado alertas por el riesgo de desprendimiento hacia la vía pública.
A esta fragilidad visual se suma una iluminación deficiente que sume partes del recinto en una penumbra inquietante al caer el sol, además de una acumulación de suciedad y residuos que empaña lo que debería ser una vitrina de progreso para la comuna.
Resulta paradójico que, mientras la empresa controladora anuncia ambiciosos planes de expansión y aumentos de capital en otras zonas del país, su sede en el puerto principal parezca sumida en el desdén. Mantener una fachada en condiciones óptimas no es un lujo ni un favor que la empresa le hace a la comunidad, sino el estándar mínimo de respeto que una compañía líder debe tener con el territorio donde opera.
San Antonio no puede ser solo el lugar donde se generan utilidades; debe ser un espacio que la administración cuide como parte de su propia identidad corporativa y responsabilidad social.
Las autoridades locales y la gerencia del centro comercial no pueden seguir siendo meros espectadores de este deterioro progresivo. Es urgente que el mall asuma un plan de mantención integral que devuelva la dignidad al rostro visible de nuestra ciudad.
El puerto crece y San Antonio se transforma con esfuerzo, por lo que su principal centro comercial no puede seguir siendo el punto negro que desluce nuestra postal urbana.
